El certero errar del diálogo
Publicado por sortilejio en 5 noviembre 2009
Para los espíritus ávidos de información, que se manejan con una o varias formas de acceso para alcanzarla, les será común encontrarse con frases como “nuevas formas de comunicación”, “la increíble velocidad con que se transmite la comunicación”, “una manera distinta de relacionarse”, “un nuevo canal universal e ilimitado”; muchas ya suenan más al cómodo cliché ante la posibilidad de quedar como un imbécil en los espacios a los que concurrimos.
No asistimos, seguramente, a la realización de todo lo que la web nos puede dar, incluso se puede tener la sensación de que los avances al respecto nunca van a terminar.
No pretendemos (al menos en esta entrada) debatir acerca de cómo históricamente se caen los grandes sueños del hombre. Y esto, seguramente, porque no nos da el cuero…
Pero, entrando a lo nuestro, hay algo de lo que todos podemos hablar: precisamente del dialogo, el habla, la conversación. Aquel que la tenga clara y pueda distinguirlos bien, que comente. Los profanos vamos a ser irreverentes y los vamos a tomar como casi lo mismo.

Hay diferentes conversaciones. Hablando se puede conocer el futuro social y/o meteorológico (si se consulta al tachero apropiado), con palabras se puede confesar un amor oculto, así como también, con escasos recursos lingüísticos, le pedimos al quiosquero que nos de el vuelto en chicles si no tiene monedas (sí, esas que mandinga nos esconde para hacernos un poco mas pedorra la vida).
Seguramente, todos tenemos esa experiencia en que la conversación se va al carajo. Preguntar por el estado de ánimo del otro, al cabo de un tiempo, puede derivar en la más obscena descripción de algún famoso, o llegar a las más profundas incógnitas filosóficas. Y no nos sentimos mal por ello. Por el contrario, nos invade una gran satisfacción, nos descarga y hasta nos esperanza.
H. J. GADAMER, en Ciencia y Técnica como «Ideología», nos dice:

Cuanto más auténtica es la conversación, menos posibilidades tienen los interlocutores de «llevarla» en la dirección en que desearían. De hecho la verdadera conversación no es nunca la que uno habría querido llevar. Al contrario, en general es más correcto decir que «entramos» en una conversación, cuando no que nos «enredamos» en ella […] «desvela» y deja aparecer algo que desde ese momento es.
Por eso, el momento en que sucede es inminente, el espacio en que se de la conversación está próximo. Comenten, y que todo se vaya al carajo.
Jose escribió
Y qué podemos decir de la bendita quinésica que ilumina cada una de las frases que se escapan del orificio, al cual denominaron por alguna extraña convensión los “maestros del lenguaje”, boca.
Qué podemos entender de las letras “posteadas” en esta nueva generación dinámica al extremo y mediatizada por medios nuevos y por mediadores, sujetos que manejan es cierto sentido de lo que hay que hablar en la semana (sino pregúntenle a algún pibe del secundario entre 14 y 17 años si su conversación más matutina no se centra en bailando por un sueño, el culo de yesica cirio o las falsas lágrimas del mismo conductor, tocado supuestamente por una realidad social que ni él conoce). Cómo cerrar el sentido de estas letras si nos perdemos de la entonación, del movimiento de nuestro seño, del brillo de los ojos…
Dónde quedó lo pensado por W. Benjamin? A dónde pretenden trasladar el aura? Que es lo que nos queda de una conversación si no es el sonido de la voz pegado a una figura, a un modo, a una oralización, a una risa…
Punto y aparte.
sortilejio escribió
Totalmente… Y, también está aquello que, generalmente, creemos que no tiene sonido. El recurso quemadísimo que versa “una lágrima vale más que mil palabra” puede ser un ejemplo. Pero ojo! que a lo mejor nunca nos detuvimos a pensar que, en realidad, esa lágrima tiene su sonido, su música… Loado sea el alguna vez que se detuvo a escuchar una lágrima antes, mucho antes de comenzar a secarla.
merchi escribió
la verdad muy bueno.
sortilejio escribió
Sos un ángel. Espero que nos visites seguido. Mirá que sé donde vivís.
Mauri escribió
muy bien pensado y sobre todo muy bien expresada la idea. Suerte con el blog chicos!
sortilejio escribió
Gracias por el ánimo, me alegra saber que te gustó
Chaco escribió
Bueno. Debido a la presión que me impone el hecho de conocer a uno de los productores de este “sitio”, procedo a felicitar por su COMIENZO.
Atentamente, un pibe de la RUS
AVANTI
sortilejio escribió
eeeh, no, no es tan así, me mal interpretaste, la pistola en la cabeza era para ambientar la invitación nada más
Silvi escribió
Cierto, es que en la era de las comunicaciones, tenemos muchos problemas comunicacionales hoy por hoy, que mejor que hablar de la conversación, y del diálogo….Es una buena propuesta, en este mundo que viaja a una velocidad elevada, y nos obliga a acostumbrarnos a la información inmediata,y a la instantaneidad, es bueno detenernos un momento para pensar……
Buen comienzo, suerte con el blog…
Saludos
Sil
sortilejio escribió
¿Por qué será que, en este momento en que tenemos más medios y maneras de comunicarnos, esto parece más difícil? Me recuerda a una afirmación de Sabato perdida en alguno de sus libros, que dice algo así: teniendo la posibilidad de movernos más rápido, de ahorrar tiempo, no tenemos más tiempo para la reflexión.
Gracias por el augurio y el comentario, te esperamos de nuevo.
Ecu.. escribió
Realmente muy bueno el blog… siempre sentimos que cuando estamos en una conversación uno no puede llevarla por donde desearía o incluso hablar de un solo tema sino al contrario en cada momento de la conversación saltan diferente temas que uno quiere compartir con todos…
Felicitaciones y adelante con el blog.
Máximo escribió
Muy bueno todo, Sortilejio.
Yo también me considero un profano -si no un profanador de la filosofía-, pero me animo a tirar una distinción entre ‘diálogo’ y ‘conversación’, para mí la distincíón pasa por la existencia o no de cierto “telos” a dónde se quiere llegar. El díálogo, al menos en la forma clásica platónica, tiene un punto de llegada, generalmente supuesto por el maestro, y tiene también esa actitud cansadora de Sócrates de complacerse poco con lo que dice el interlocutor, en cambio, la conversación parece no tener a dónde llegar, al menos es imposible que uno de los interlocutores pretenda fijar un punto de llegada sin la cooperación del otro. Tiene, además, ese gusto por complacerse en escucharse mutuamente, en absoluta simetría interlocutiva, cosa que Sócrates y Platón no estarían muy dispuestos a aceptar. Para decirlo con otras palabras, dialogan un maestro y el discípulo, el padre con el hijo, el gobierno con sectores opositores, etc., pero conversar, conversan los que recíprocamente se reconocen en igualdad.